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-- ¡Ya estamos en el último trimestre!
-- El Círculo de los 99: Aprende a Manejar tu Dinero

Bienvenidos...

Hola,

Y ya estamos en el último trimestre del año... Tiempo suficiente para que completemos nuestras metas que nos establecimos desde el principio de este año, ¿verdad? Vamos poniéndole el esfuerzo necesario para que termine, como se dice, a tambor batiente... Y también estamos aquí de nuevo, como cada mes, con tu Boletín Digital *Protección & Rendimientos*.

Uno de los comentarios con los que me encuentro regularmente, es con respecto a cómo manejar nuestro dinero, una vez ganado por supuesto, para obtener mayores resultados. Lee en el Artículo Principal una historia (por demás entretenida) y entérate qué ideas te comparte Marcelo Perazzolo de Argentina.

Espero que te sea de alto provecho...

Y recuerda que en Consulting Integral de Riesgos Patrimoniales, y yo en lo personal, estamos listos para ayudarte en el logro de tu tranquilidad y futuro positivo con respecto a ti y tu familia. Comunícate conmigo para que platiquemos al respecto...

¡Te mando mientras tanto un gran abrazo por este medio!

Cordialmente,
Omar Peña
L.A.E. Omar Peña
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Art culo Principal

El Círculo de los 99:
Aprende a Manejar tu Dinero,
por Marcelo Perazzolo

Hablando de DINERO, es bueno siempre tener un contrapeso y la siguiente historia cumplirá esa función.

Agradezco la colaboración del Dr. Falcon y su esposa Ana María Gatti (de Uruguay) quienes me han suministrado gran cantidad de material.

Gustavo Caselli, con mayor precisión aún nos dice:

"El circulo del 99 es un cuento incluido en Recuentos para Demian de Jorge Bucay y cuya idea salió de Los tres tesoros de B. Rajneesh. Es un libro para recomendar... aconsejo leerlo. El autor es el mismo de "Cartas para Claudia" y "Cuentos para pensar".
Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones.

Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día el rey lo mandó a llamar.

- Paje -le dijo- ¿cuál es el secreto?

- ¿Qué secreto, Majestad? 

- ¿Cuál es el secreto de tu alegría? 

- No hay ningún secreto, Alteza. 

- No me mientas, paje. He mandado cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.

- No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto. 

- ¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿Eh, por qué?

- Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz? 

- Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado. 

- Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...

- Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.

- ¿Por qué él es feliz?

- Ah, Majestad, lo que sucede es que está fuera del círculo.

- ¿Fuera del círculo? 

- Así es.

- ¿Y eso es lo que lo hace feliz? 

- No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.

- ¿Y cómo salió?

- ¡Nunca entró!! 

- ¿Qué círculo es ese? 

- El círculo del 99. 

- Verdaderamente, no te entiendo nada -dijo el Rey.

- El único modo para que entiendas, es mostrártelo en los hechos.

- ¿Cómo?

- Haciendo entrar a tu paje en el círculo. 

- Eso, ¡obliguémoslo a entrar!

-No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.

- Entonces habrá que engañarlo. 

- No hace falta, Su Majestad. Si le das oportunidad, él entrará solo en el círculo.

- ¿Pero no se dará cuenta que eso es su infelicidad?

- Sí, se dará cuenta, pero no lo podrá evitar. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para entender la estructura del círculo?

- Sí

- Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba.

Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía:

"Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste."
Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, vió la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta y entró a su hogar.

El rey y el sabio se arrimaron a la ventana para ver la escena. 

El sirviente ingresó presuroso a su hogar y con su brazo arrojó al piso todo lo que había sobre la mesa dejado sólo la vela.

Se sentó y vació el contenido de la bolsa...

Sus ojos no podían creer lo que veían.

¡Era una montaña de monedas de oro! El, que nunca había tocado una de estas monedas, ¡tenía hoy una montaña de ellas!

El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar a la luz de la vela. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas.

Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas.

Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis... y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60... hasta que formó la última pila: ¡9 monedas!

Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.

"No puede ser", pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

Me robaron -gritó- me robaron, ¡malditos!

Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro "sólo 99".

"99 monedas. Es mucho dinero", pensó. Pero me falta una moneda.

"99 no es un número completo,"-pensaba. "Cien es un número completo pero 99, no."

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes.

El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña.

Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.

¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar para comprar su moneda número cien?

Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta.

Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla.

Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar.
Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo.

Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. "Doce años es mucho tiempo", pensó.

Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo.

Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.

Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero.

¡Era demasiado tiempo! Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender... 

Vender... Vender...

Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. 

El paje había entrado en el círculo del 99...

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de pocas pulgas.

- ¿Qué te pasa? -preguntó el rey de buen modo. 

- Nada me pasa, nada me pasa.

- Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.

- Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también? 

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente.

No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor..."

Comentario del autor del cuento:

"Vos y yo y todos nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología:

Siempre nos falta algo para estar completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene.

Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta... Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.

Pero qué pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve, que todo es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados.

Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual...

...Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están..."

Creo que es otra estupenda historia acerca del manejo del dinero. 
Traten de no entrar en el "Círculo de los 99", generalmente no es buena cosa (en mi caso es aún peor porque ¡sólo me dejaron 96 monedas estos malditos!).
Marcelo Perazzolo,
es Director de Professional Services Provider desde 1997. Es uno de los grandes entrenadores sobre marketing, inversiones, Internet y desarrollo profesional, en toda la región hispanoamericana.
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