la siguiente historia
cumplirá esa función.
Agradezco la colaboración del Dr.
Falcon y su esposa Ana María Gatti (de Uruguay) quienes me
han suministrado gran cantidad de material.
Gustavo Caselli,
con mayor precisión aún nos dice:
"El circulo del 99 es un cuento
incluido en Recuentos para Demian de Jorge Bucay y cuya
idea salió de Los tres tesoros de B. Rajneesh. Es un
libro para recomendar... aconsejo leerlo. El autor es el mismo de
"Cartas para Claudia" y "Cuentos para
pensar".
Había una vez un rey muy triste que
tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy
feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al
rey cantando y tarareando alegres canciones.
Una sonrisa se dibujaba en su
distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y
alegre. Un día el rey lo mandó a llamar.
- Paje -le dijo-
¿cuál es el
secreto?
- ¿Qué secreto, Majestad?
- ¿Cuál es el secreto de tu
alegría?
- No hay ningún secreto, Alteza.
- No me mientas, paje. He
mandado cortar cabezas por ofensas menores que una
mentira.
- No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
- ¿Por qué estás siempre alegre y
feliz? ¿Eh, por qué?
- Majestad, no tengo razones para
estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi
esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha
asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me
premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos
gustos, ¿cómo no estar feliz?
- Si no me dices ya mismo el
secreto, te haré decapitar -dijo el rey-.
Nadie puede ser feliz
por esas razones que has dado.
- Pero, Majestad, no hay
secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada
que yo esté ocultando...
- Vete, ¡vete antes de que
llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una
reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No
consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado,
usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los
cortesanos.
Cuando se calmó, llamó al más sabio de
sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
- ¿Por qué él es feliz?
-
Ah, Majestad, lo que sucede es que está fuera del
círculo.
- ¿Fuera del círculo?
-
Así es.
- ¿Y eso es lo que lo hace feliz?
- No Majestad, eso es lo que no lo hace
infeliz.
- ¿Y cómo salió?
- ¡Nunca
entró!!
- ¿Qué círculo es ese?
-
El círculo del 99.
- Verdaderamente, no te
entiendo nada -dijo el Rey.
- El único modo para que entiendas, es mostrártelo
en los hechos.
- ¿Cómo?
- Haciendo entrar
a tu paje en el círculo.
- Eso, ¡obliguémoslo a
entrar!
-No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar
en el círculo.
- Entonces habrá que engañarlo.
- No hace falta, Su Majestad. Si le das oportunidad, él
entrará solo en el círculo.
- ¿Pero no se dará cuenta que eso
es su infelicidad?
- Sí, se dará cuenta, pero no lo podrá
evitar. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente
para entender la estructura del círculo?
- Sí
- Bien, esta noche te
pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99
monedas de oro, ni una más ni una menos.
¡99!
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a
buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y
se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el
alba.
Cuando dentro de la casa se encendió la
primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel
que decía:
"Este
tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y
no cuentes a nadie cómo lo
encontraste."
Luego ató la bolsa con el papel en la
puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje
salió, vió la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el
sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró
hacia todos lados de la puerta y entró a su hogar.
El rey y el sabio se arrimaron a la
ventana para ver la escena.
El sirviente ingresó presuroso a su
hogar y con su brazo arrojó al piso todo lo que había sobre la mesa
dejado sólo la vela.
Se sentó y vació el contenido de la
bolsa...
Sus ojos no podían creer lo que
veían.
¡Era una montaña de monedas de oro! El,
que nunca había tocado una de estas monedas, ¡tenía hoy una montaña
de ellas!
El paje las tocaba y amontonaba, las
acariciaba y hacía brillar a la luz de la vela. Las juntaba y
desparramaba, hacía pilas de monedas.
Así, jugando y jugando empezó a hacer
pilas de 10 monedas.
Una pila de diez, dos pilas de diez,
tres pilas, cuatro, cinco, seis... y mientras sumaba 10, 20,30, 40,
50, 60... hasta que formó la última pila: ¡9 monedas!
Su mirada recorrió la mesa primero,
buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la
bolsa.
"No puede ser", pensó.
Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más
baja.
Me robaron -gritó- me
robaron, ¡malditos!
Sobre la mesa, como burlándose de él,
una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de
oro "sólo 99".
"99 monedas. Es mucho
dinero", pensó. Pero me falta una moneda.
"99 no es un número
completo,"-pensaba. "Cien es un número completo pero 99,
no."
El rey y su asesor miraban por la
ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño
fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y
arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se
asomaban los dientes.
El sirviente guardó las monedas en la
bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo
veía, escondió la bolsa entre la leña.
Luego tomó papel y pluma y se sentó a
hacer cálculos.
¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar para
comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz
alta.
Estaba dispuesto a trabajar duro hasta
conseguirla.
Después quizás no necesitara trabajar
más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de
trabajar.
Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien
monedas se puede vivir tranquilo.
Sacó el cálculo. Si trabajaba y
ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce
años juntaría lo necesario. "Doce años es mucho tiempo",
pensó.
Quizás pudiera pedirle a su esposa que
buscara trabajo en el pueblo por un tiempo.
Y él mismo, después de todo, él
terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría
trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por
ello.
Sacó las cuentas: sumando su trabajo en
el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el
dinero.
¡Era demasiado tiempo! Quizás pudiera
llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y
venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más
comida habría para vender...
Vender... Vender...
Estaba haciendo calor. ¿Para qué
tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un
sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda
cien.
El paje había entrado en el círculo del
99...
Durante los siguientes meses, el
sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche.
Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas,
refunfuñando de pocas pulgas.
- ¿Qué te pasa? -preguntó
el rey de buen modo.
- Nada me pasa, nada me
pasa.
- Antes, no hace mucho, reías y
cantabas todo el tiempo.
- Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría
su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el
rey despidiera al sirviente.
No era agradable tener un paje que
estuviera siempre de mal humor..."
Comentario del autor del
cuento:
"Vos y yo y todos nosotros hemos sido
educados en esta estúpida ideología:
Siempre nos falta algo para estar
completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se
tiene.
Por lo tanto, nos enseñaron, la
felicidad deberá esperar a completar lo que falta... Y como
siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se
puede gozar de la vida.
Pero qué pasaría si la iluminación
llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que
nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos
falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de
más redondo cien que noventa y nueve, que todo es sólo una trampa,
una zanahoria puesta frente a nosotros para que jalemos del carro,
cansados, malhumorados, infelices o resignados.
Una trampa para que nunca dejemos de
empujar y que todo siga igual...
...Cuántas cosas cambiarían si
pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como
están..."
Creo que es otra estupenda historia
acerca del manejo del dinero.
Traten de no entrar en
el "Círculo de los 99", generalmente no es buena
cosa (en mi caso es aún peor porque ¡sólo me dejaron 96 monedas
estos malditos!).